Ahorro-e-inversión

Cifras de ahorro e inversión en España

El bajo ahorro familiar en España, del 4,7 por ciento de la renta, es un problema creciente, con repercusiones para la jubilación. Las familias consumen por encima de sus ingresos, recurriendo a los pocos ahorros que tienen o a los créditos para financiarse.

La última publicación del Instituto Nacional de Estadística ha vuelto a poner de manifiesto una de las realidades más preocupantes de la economía española: la caída permanente y sostenida de la tasa de ahorro de las familias. En términos de renta disponible y de media móvil trimestral, las familias españolas apenas ahorran 4,7 de cada 100 euros de renta al cierre del segundo trimestre, lo que las sitúa en la peor posición de toda la zona euro y en la segunda peor a nivel europeo, sólo por detrás del Reino Unido y con una diferencia de casi 7 puntos porcentuales respecto a la media de la zona euro (12 por ciento). Lejos quedan países como Francia (13,18 por ciento), Alemania (17,41 por ciento) o Suecia (17,97 por ciento).

¿Por qué las familias no pueden ahorrar más? ¿Qué causas están detrás de que la tasa de ahorro familiar en España sea sistemáticamente inferior a la media europea? Son preguntas fundamentales que necesitan una respuesta clara y concisa, dado que a lo largo del tiempo esta situación ha constituido un elemento de clara debilidad de la economía española.

FACTORES CÍCLICOS EN LA DISMINUCIÓN DEL AHORRO

A corto plazo, las familias españolas están reduciendo su ahorro debido a un aumento del consumo por encima de su renta desde el inicio de la fase expansiva del actual ciclo económico. Así, mientras los salarios medidos en términos de Contabilidad Nacional (sólo se computa el empleo a tiempo completo) crecen a un ritmo acumulado del 3,7 por ciento anual (sin duda influido por el «efecto sustitución» en el mercado laboral entre antiguos trabajadores indefinidos a tiempo completo por otros también indefinidos pero a tiempo parcial), el consumo o gasto en consumo final de los hogares crece al 4 por ciento a finales de junio. Y, por tanto, dado el peso del consumo sobre la renta disponible, el ahorro bruto se sitúa por encima del 30 por ciento.

A lo largo de la fase alcista del ciclo económico que se inició entre el tercer y el cuarto trimestre de 2013, el consumo siempre ha sobrerreaccionado al crecimiento de los salarios. En concreto, por cada punto porcentual de crecimiento de los salarios (en el sentido anterior de la Contabilidad Nacional), el consumo ha aumentado un 1,05%, lo que supone una sobrerreacción del 5%, siendo así una variable sustancialmente elástica al crecimiento de la renta y, por tanto, de la economía española. Sin embargo, el ahorro no ha seguido una pauta similar y puede haber aprovechado el crecimiento de los salarios, sino todo lo contrario: el ahorro aumentó por «razón de precaución» de forma súbita y muy fuerte al inicio de la crisis y posteriormente inició una tendencia a la baja hasta los niveles actuales.

En otras palabras, las familias están consumiendo por encima de lo que les permite su renta y, por tanto, la única forma de financiar este comportamiento es «quemando» el ahorro o aumentando también su endeudamiento a través del crédito al consumo y otras facilidades financieras como muestran los datos del Banco de España: hasta agosto, el crecimiento anual del stock de deuda a través de este tipo de préstamos es del 6,1 por ciento interno (pago de vacaciones, coches, gastos extraordinarios…) contrarrestando la caída del stock de crédito a la vivienda y devolviendo por primera vez desde 2010 la tasa total a terreno positivo (+ 0,3 por ciento).

No sólo la evaluación de la renta disponible, los años de una profunda crisis económica, determina el comportamiento del consumo y el ahorro en términos cíclicos. Dado el mayor multiplicador del consumo, hay factores que explican esta situación. Estos son los siguientes:

La preferencia temporal de los agentes:

El consumidor descuenta mucho más el presente respecto al futuro que antes. Tras años de crisis, el consumidor es más «impaciente» o más «cortoplacista».

La caída de los tipos de interés

La avalancha de liquidez en los mercados y la reactivación del crédito al consumo está permitiendo a las familias financiar el gasto corriente como se puede ver en las campañas de vacaciones o de compras. Cuanto más bajen los tipos de interés, más querrá el consumidor adelantar el consumo futuro al presente, lo que le obligará a ahorrar en el futuro.

Las expectativas futuras de la situación económica

La mejora de las principales variables macroeconómicas (excepto el ahorro) lleva al consumidor a formarse unas expectativas mucho más positivas que hace unos años.

El comportamiento simultáneo de estas tres variables se modificará significativamente a medida que las familias descuenten menos el presente debido al agotamiento de la fase expansiva del ciclo económico y a la lenta normalización de la política monetaria. Aun así, las macrotendencias que revelan estas cifras, especialmente el ahorro, tienen una alta probabilidad de continuar en el futuro próximo, con un punto débil que no es precisamente trivial: el ahorro. Sin ahorro no hay inversión y sin inversión no hay crecimiento sostenible a largo plazo.

About the Author

Jorge Pérez

Es un entusiasta del diseño, bloguero, autor y profesor. Además, él es un diseñador gráfico e interactivo con 10 años de experiencia que está disponible para trabajar como freelance o a tiempo completo.